Cuando tenía más o menos 12 años, leí un libro llamado "Los ojos del perro siberiano". No recuerdo el nombre del autor, excepto su apellido, Santa Ana. Siempre me gustó, y año tras año, lo mantengo presente cuando recuerdo porque he hecho de mi vida, una causa social tras otra.
El libro versa acerca de una familai de clase alta de Argentina, cuyo hijo mayor resulta ser seropositivo, y es abandonado por sus padres, amigos, y tiempo después, es echado de su trabajo por esta misma razón. Su hermano menor, cuyo nombre se desconoce, consigue entablar una relacion con Ezequiel, el mayor, y narra su experience. El libro es corto, rápido y debo decir que mi parte favorita es cuando Ezequiel consigue en Sacha, su perra siberiana, la mirada que desea recibir: una mirada que no sea de lástima, ni de odio, ni de curiosidad, ni de indiferencia. Una mirada que sepa que, a pesar de todo, Ezequiel sigue siendo tan normal como todos nosotros, y así se lo sabe saber a su hermano menor.
Siempre he pensado que el SIDA es una enfermedad crónica como la diabetes. Requiere ciertas atenciones y cuidados sí, pero por lo demás, se puede llevar una vida más o menos normal. Yo no sé si las personas de hoy son conscientes que tarde y temprano van a MORIR. Porque yo, hasta ahora, no he conocido a nadie inmortal. El SIDA no es más que un recordatorio, muy duro sí, de que moriremos algún día.
Creo que nunca seré capaz de tratar a alguien con indeferencia porque padece una enfermedad, que a mis ojos, me parece normal. No soy capaz, y creo que eso me hace extraña, de rechazar a alguien porque posee algo que yo no tengo. Tal vez la vida me de el espaldarazo, o tal vez me de una bofetada. Yo que sé.
Lo que si sé es que todos podemos salvarnos el culo (y lo digo así) si empezamos a usar condones y a hacernos examenes anuales si ya tenemos una vida sexual activa. A obligar a nuestra a hacer lo mismo, a no andar de cama en cama, o sí así es la cuestión, pues repito: use condón. El SIDA no es enfermedad de homosexuales, ni de monos, ni de gatos, ni de orgías. Es una enfermedad que da si no nos sabemos cuidar, si no nos informamos debidamente y si seguimos con la cabeza metida en la caja cuadrada.
El SIDA sí da. El SIDA mata. Pero no es una excusa para apartar a las personas que son seropositivas, ni de mirarlas con curiosidad o lástima. Son tan normales como nosotras. Tiene, como decía James, un "problema peludo", pero eso no nos hace superiores o inferiores. Sé que la cura está llegando. Sé que los países tercermundistas empiezan a exigir medicinas y tratamiento psicologico y farmaceutico para sus pacientes y sé que cuando vosotros terminéis de leer esto, les quedará en la cabeza que la desigualdad es idea de ignorantes y estúpidos. He dicho.
Diciembre primero: Día Mundial contra la lucha del SIDA-VIH.


